La boda fue una celebración de la belleza otoñal, con una decoración inspirada en la naturaleza muerta. Los centros de mesa eran el corazón de la celebración: arreglos florales bajos con tonos cálidos y texturas ricas, combinados con elementos naturales como calabazas y frutos secos. La vajilla de porcelana fina y la cristalería elegante crearon un contraste sofisticado.
La novia, radiante en su vestido, llevaba un ramo que complementaba la decoración otoñal. La ceremonia, celebrada en la hacienda, fue un momento mágico rodeado de la calidez de la estación.
La hacienda, con su arquitectura clásica, proporcionó el marco perfecto para esta celebración. La unión de la naturaleza, la elegancia y la tradición hizo de esta boda un evento único y memorable.





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